Por Bere
Esta mañana leí algo que me detuvo en seco, algo sobre lo que significa realmente pedir ayuda.
“Mejor es el humilde que trabaja para sostenerse, que el presumido que no tiene ni para comer.”
La leí dos veces. Tres veces. Porque en esas palabras vi a mucha gente que conozco, gente de nuestra comunidad, que está luchando con eso mismo.
Y también encontré esto: la sabiduría antigua nos enseña que una persona no debe avergonzarse de confesar lo que no sabe. Que es mejor buscar a alguien que te pueda ayudar, que pretender que lo entiendes todo y quedarte igual.
Eso me inspiró a escribirte hoy.
“Hago de todo”
Trabajé muchos años en recursos humanos. Entrevisté a cientos de personas, personas trabajadoras, dedicadas, que llegaban con ganas genuinas de salir adelante.
Y muchas veces, cuando les preguntaba: “¿Cuáles son tus habilidades? ¿Qué tipo de trabajo estás buscando?”
La respuesta era siempre la misma:
“Hago de todo.”
Lo decían con seguridad. Con orgullo. Como si admitir que no sabían algo fuera una señal de debilidad. Como si decir “necesito ayuda” los fuera a hacer ver menos.
Pero yo veía algo diferente detrás de esas palabras.
Veía miedo. Miedo de parecer ignorante. Miedo de que si mostraban lo que no sabían, ya no valían.
Y ese orgullo, ese orgullo que creían que los protegía, era exactamente lo que los estaba frenando.
No hay trabajo sin dignidad
La frase que leí esta mañana lo dice con claridad: es mejor trabajar con humildad y sostenerse, que aparentar grandeza y no tener nada.
Nuestra comunidad latina trabaja en los trabajos que otros no quieren hacer. En la construcción, en los campos, en las cocinas, en la limpieza. Y hay una tendencia entendible, humana, a avergonzarse de eso. O a pretender que no es así.
Pero la sabiduría nos dice lo contrario:
Trabajar con humildad y propósito es más honorable que fingir lo que no eres.
No hay trabajo indigno cuando se hace con intención. Lo indigno es quedarse atascado por orgullo cuando hay alguien dispuesto a ayudarte a crecer.
Confesar que no sabes es el primer paso
No estamos hablando de debilidad cuando decimos “no sé.” Estamos hablando de inteligencia.
Porque la persona que dice “no sé, pero quiero aprender”, esa persona crece. La persona que dice “yo sé todo”, esa persona se queda donde está.
Y hay algo más que aprendí en años de trabajar con personas:
Cómo pides ayuda importa tanto como el hecho de pedirla.
No se trata de llegar con vergüenza. Se trata de llegar con honestidad. Con apertura (mente abierta). Con el deseo genuino de mejorar.
Eso, eso cambia todo.
Todos empezamos desde algún lugar
Tal vez estás leyendo esto y piensas: “Yo sé lo que necesito. No necesito ayuda.”
Y puede ser verdad. Pero también puede ser que el orgullo esté hablando más fuerte que la necesidad.
Todos, absolutamente todos, llegamos a un punto donde necesitamos orientación. Un buen resume. Saber cómo hablar en una entrevista. Entender nuestros derechos como empleados. Dar el siguiente paso profesional sin saber por dónde empezar.
No tienes que saberlo todo. No tienes que fingir que todo está bien. No tienes que hacerlo solo.
Lo que sí puedes hacer es tomar la decisión más valiente que existe:
Levantar la mano y decir: “Necesito ayuda. Estoy listo para crecer.”
Para eso estoy aquí
Creé Bere Con Propósito para este momento exacto.
Para cuando estés listo para dejar el orgullo a un lado. Para cuando quieras avanzar pero no sepas cómo. Para cuando necesites a alguien que te entienda, que hable tu idioma, que conozca tu realidad, que haya estado en los dos lados de la mesa.
No te voy a juzgar por donde estás. Te voy a ayudar a llegar a donde quieres ir.
Porque mejorar no es traicionar tus raíces. Es honrarlas.
¿Estás listo para dar ese paso?
Con cariño y propósito, Bere
Mastícalo. 🌱
Fuente de sabiduría: Mishlei (Proverbios) 12:9


